De 131 kilos a la élite: una historia de resiliencia en el baloncesto colombiano

La historia de 131 kilos a la élite del baloncesto colombiano es el reflejo de la carrera de José David Lozano Toro, un jugador que no se define solo por estadísticas, sino por carácter, disciplina y capacidad de reinventarse. En la Liga Señal Colombia de Baloncesto Profesional, donde cada detalle cuenta, este camino demuestra que siempre hay espacio para volver más fuerte.

El baloncesto colombiano no solo se mide en títulos. También se construye desde procesos personales que marcan diferencias. Este caso representa cómo un jugador, tras alejarse del alto rendimiento y alcanzar los 131 kilos, logró reconstruirse física y mentalmente hasta regresar a competir al máximo nivel.

José Lozano jugando en el 2018.

Su camino deportivo comenzó en el fútbol. En Medellín, formó parte de las divisiones menores de Envigado Fútbol Club, mientras estudiaba en el Colegio La Salle. Sin embargo, todo cambió gracias a un profesor: Germán Ayala, quien lo acercó al baloncesto. Esa decisión marcaría su futuro.

Posteriormente, su proceso continuó en Bogotá, donde se formó en clubes y trabajó bajo la guía de entrenadores como Sergio Trocha. Ese crecimiento lo llevó a debutar profesionalmente en 2013 con Academia La Montaña.

A pesar del inicio prometedor, la falta de protagonismo y las dudas lo llevaron a alejarse del deporte. Esa decisión coincidió con una etapa difícil. El trabajo nocturno, el desorden en los hábitos y la mala alimentación comenzaron a impactar su vida. En 2017, una rutina de oficina acentuó la ansiedad. El sedentarismo hizo el resto. El resultado fue claro: su peso alcanzó los 131 kilos.

El regreso comenzó en 2018 con una oportunidad en una liga de desarrollo. Allí vivió un momento clave: enfrentarse a Romario Roque. Más allá del resultado, ver su disciplina, preparación física y mental lo impactó profundamente. Ese fue el punto de inflexión. Desde entonces, inició un proceso de cambio progresivo, pero firme.

La transformación no fue casual. Se construyó sobre tres pilares fundamentales:
  • La influencia de Romario Roque
  • El acompañamiento del entrenador Michael López
  • El trabajo nutricional con Wilson Rave
Junto a Romario Roque (2018).

Con ellos entendió que el talento por sí solo no es suficiente. La preparación integral es lo que sostiene una carrera. Su mejor versión llegó con 94 kilos, y actualmente se mantiene cerca de los 100 kilos, compitiendo nuevamente en la élite.

La enseñanza es directa: sin disciplina, no hay alto rendimiento. El cuidado del cuerpo, la alimentación y la constancia son determinantes. Jugadores como Juan Diego Tello y Hansel Atencia reflejan ese compromiso diario que exige el baloncesto profesional.

Hoy, el rol de Lozano va más allá de competir. También guía a los más jóvenes, entendiendo que compartir su experiencia es una forma de aportar al crecimiento del deporte. Durante su carrera, ha compartido con referentes internacionales como Eloy Vargas, Heissler Guillent, y Jonathan Rodríguez, aprendizajes que marcaron su evolución.

Su visión del juego también cambió. Hoy entiende que perder es parte del proceso. Las derrotas no frenan, enseñan. Equipos como Paisas han demostrado que los títulos también nacen desde la adversidad.

El presente refleja madurez, constancia y aprendizaje. Su objetivo es claro: mantenerse en la élite, competir al más alto nivel y seguir evolucionando dentro de un baloncesto colombiano cada vez más exigente. Porque al final, más allá de los números, De 131 kilos a la élite: historia de resiliencia en el baloncesto colombiano deja una enseñanza contundente: Siempre es posible volver.

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